paciencia

Si una gota colma un vaso, es porque se han ido guardando muchas gotas anteriormente, que gota en concreto sea la que lo colme es una cuestión puramente temporal.

¿Cuántos grupos de whatsapp puede una pareja soportar?

¿Cuántos temas conflictivos son capaces de almacenar los armarios sin que estos estallen?

¿Cuántas mentiras puede digerir una persona antes de sentir una indigestión?

¿Cuánta distancia, cuánta ausencia continuada, cuántos vacíos puede alguien acumular antes de rendirse?

No hay una respuesta concreta a ninguna de las preguntas. Cada ser humano nace con una paciencia concreta, algunos la gastan toda de pequeños y conforme pasan los años se vuelven más intolerantes a cuestiones que antes no suponían ninguna molestia. Otros en cambio con el tiempo van usando la paciencia con sabiduría, y hacen de ella un arma.  En las batallas contra Anibal los impacientes cónsules romanos eran derrotados y emboscados una y otra vez por el paciente cartaginés, sólo el tiempo les hizo entender que la espera y la estrategia seria su mejor aliada.

Nos hemos vuelto una sociedad impaciente, lo queremos todo ahora y ya. La espera desaparece y con ella las cosas pierden valor. Esa falta de paciencia hace que abracemos costumbre ajenas como Papá Noel y dejemos de lado a los Reyes Magos. La comodidad de tener a los niños entretenidos durante las fiestas, contra la emoción de la espera.

Así que os animo en estas fechas a ser pacientes, a honrar nuestra cultura con la celebración de los reyes magos, a no desesperar ante las repetidas preguntas de los parientes, a no perder la calma en el restaurante desbordado ni en la cola del Zara y a respirar hondo. Espero practicar con el ejemplo y por ello no voy a mostrar mi estupefacción por la cantidad de paciencia que tiene esta país con su clase política, voy a respirar hondo, pasar buenas fiestas, y que la paciencia sea mi aliada para intentar vaciar la piscina de indignación que llena mi vaso.