Para muchos de vosotros estos son lugares habituales de paso, pero os aseguro que muchos valencianos no conocen algunas de las “joyas” que esconde la ciudad de Valencia. Cada vez que algún turista es cuestionado sobre lo que ha visto en Valencia, responde sin vacilar: “La plaza de toros, el Ayuntamiento, el Mercado Central, La Ciudad de las Artes, la Lonja, la Catedral, la playa…” y con un poco de suerte te nombran el Bioparc y la calle La Paz. Muchos no se paran a ver museos, a pasear por barrios, ni siquiera a tomar una “relaxing cap of horchata” en una terraza de la ciudad, y dejan de visitar lugares incomparables de Valencia. Pasear por la fachada marítima, por el Carmen, por el antiguo cauce del río Turia, por el Ensanche e incluso por Benimaclet son placeres al alcance de nuestra mano de los que prescindimos por desconocimiento. Hoy me voy a detener en algunos lugares que merecen una visita, y que pasan desapercibidos y ajenos la mayoría de las veces a las rutas turísticas:

El portal de Valldigna

Es la puerta que en el 1400 separaba la zona árabe de la ciudad de la zona cristiana. Se construyó antes de que se descubriera América y sigue allí, sin puerta, e impasible ante el paso de los años. Junto al portal se instaló la primera imprenta de España que obviamente imprimió el primer libro en 1474. También junto al portal tuvo lugar el suceso vivido por Fray Joan Gilabert Jofré, interponiéndose al acoso y apedreamiento de un demente, tras el cual y cambiando su sermón cuaresmal, propició el que el 9 de abril de 1409 se pusieron los cimientos del primer manicomio del mundo que se llamó Hospital dels Folls i dels Ignocents. En 1944 los entonces propietarios de la vivienda estuvieron a punto de derruirlo y cometer otra tropelía más que añadir a las muchas cometidas al patrimonio de la ciudad de Valencia, por suerte aún podemos disfrutar de este rincón único.
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El Palacio del Marqués de Dos Aguas

Es el único museo de carácter nacional que posee Valencia, el museo Nacional de Cerámica y de las Artes Suntuarias González Martí. Es de titularidad estatal y ha sido recientemente restaurado para sacar a relucir todo el esplendor barroco de su fachada. Este edificio sería considerado lugar de peregrinación en cualquier ciudad del mundo, y nosotros lo tenemos casi olvidado. Un edificio único, opulento, y fascinante que se alza sobre una antigua necrópolis romana y que merece una visita a su interior, independientemente del interés que suscite la cerámica expuesta en su interior en el visitante. La fachada barroca es por si misma una maravilla.

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La plaza del patriarca

Si existe la plaza perfecta, esta es para mí la plaza del Patriarca, en la que encontramos la sede de la antigua Universidad de Valencia y la Iglesia del Patriarca. Ambas son dignas de una visita. En la iglesia podemos ver los frescos realizados por Bartolomé Matarrana describiendo escenas de San Vicente Mártir y San Vicente Ferrer, así como una escultura de Benlliure, y un cocodrilo disecado con una curiosa historia. En el fabuloso edificio de la universidad, La Nau, se halla la estatua de bronce de Luis Vives, que ha observado durante siglos el caminar de miles de estudiantes. La plaza en si es de época y estilo renacentista tardío, y genera en mí un estado anímico especial: propicio para el estudio sosegado, si se me permite definirlo así. No dejes de visitar este rincón con tanta historia.

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La calle Museo

A priori la calle no destaca del resto, pero su conjunto es muy interesante, ya que el museo del Carmen es una obra de maestra de la arquitectura monástica. No hace mucho se entraba gratis, como se subía gratis a las Torres de Quart i Serranos, ahora has de pagar una entrada testimonial para poder perderte libremente por sus dos claustros: el gótico y el renacentista. Esta tiene los 3 componentes que convierte a una calle en especial: es una calle circular cuyo inicio es estrecho y su final amplio, como el túnel de Alicia; tiene un rinconcito al que llamamos quienes lo conocemos “la casa del gato” o “la gatera”; y acaba en la famosa y denostada plaza del Carmen. Sin duda la piedra preciosa de la calle es el Museo del Carmen, un antiguo convento con dos patios que deja boquiabierto a los visitantes. Además algunas de las salas que empezaron a construirse en 1281 son simplemente fascinantes.

Durante años fue sede de la Escuela de Bellas Artes, y entre sus muchas (a veces) interesantes exposiciones encontramos restos árabes, y un pozo donde desear a la fortuna que la gente visite este maravilloso escenario muy frecuentemente olvidado.

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El Jardín de las Hespérides

Es un rincón precioso y en muchos casos desconocido de la ciudad de Valencia. Un pequeño jardín gratuito ubicado entre el antiguo cauce del Turia y el jardín botánico que se ha convertido en un remanso de paz. Diáfano, lleno de cítricos y agua, decorado con estatuas mitológicas, y presidido por una evocadora fuente de la diosa griega Afrodita. No duden en visitarlo, disfrutar sentado en un banco de la paz del lugar, observar sus 50 tipos de cítricos, caminar bajo la pérgola y esconderse entre sus setos. Un lugar mágico donde recobrar fuerzas y ganar en sosiego.

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Parque de Cabecera

El parque de cabecera es de sobra conocido por los vecinos del barrio, los runners (leer mi artículo sobre la moda runner), y los dueños de los perros, que en valencia son muchos. Pero desconocido por los turistas y por muchos de los vecinos de los pueblos que rodean Valencia. Se supone que recrea las riberas del río Turia, y por ello está presidido por un lago lleno de vida. Parece mentira que en tan poco tiempo tantos animales hayan hecho suyo el parque, que dispone de una montaña mirador desde la que se tienen buenas vistas de la ciudad. Lleno de rincones, de vegetación y habilitado para pasear a pie o con bici, es un lugar que parece sacado de París o de Londres y no de Valencia. Sin duda merece la pena una visita con manta y cesta para montar allí un picnic urbano, o una picaeta. Lástima que su auditorio no tenga más uso, con voluntad sería un escenario formidable para cualquier concierto o representación.

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Mercado de Colón

Este joya modernista, durante tantos años abandonada a su suerte, es ahora un lugar de encuentro de la burguesía valenciana. Ubicada en la zona de boutiques por antonomasia, este antiguo mercado de comida está ahora repleto de cafeterías “chic“, bares y tiendas. Pero lo importante es el continente no el contenido. El edificio cumplió 100 años en 2014, y es una tesoro arquitectónico, se nota la influencia de Gaudí en el arquitecto Francisco Mora Berenguer. Otro lugar que los turistas muchas veces obvian y que de estar en Barcelona se formarían colas para fotografiar sus dos maravillosas fachadas.

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La Albufera

¿Cuántos valencianos han dado un paseo en barca por la Albufera y han visto como una bandada de patos aterrizaba al atardecer entre las cañas del lago? No tantos como cabe de esperar. Tener la Albufera a tiro de piedra de la ciudad es un lujo infravalorado. Sus playas, sus atardeceres, su fauna, su paz, los poblados que rodean la Albufera (el Palmar, el Saler…), las barracas, el olor de los arrozales… Es una maravilla eludida no sólo por turistas, sino también por muchos valencianos. La Albufera es historia, es vida, es color, es tranquilidad, es naturaleza, es belleza, es única, y nosotros envidiosos del lago de Como… en fin.

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El Gulliver

De entre todos los fantásticos rincones del antiguo cauce del río Turia, este pequeño parque siempre me ha parecido una preciosidad. Esta escultura/parque de 70 metros de Gulliver fue creada en 1990, y pese a que la historia del personaje no tiene nada que ver con la ciudad de Valencia, su estilo “fallero” es inconfundible. Para los niños es un parque de atracciones en miniatura, con interminables toboganes, puentes y cuerdas. Para los adultos que han leído el libro de Jonathan Swift, supone (con imaginación) sentir lo que los liliputienses sintieron al ver llegar a un monstruo de ese calibre. De nuevo un espacio poco frecuentado por turistas, y que especialmente con niños, resulta de visita obligatoria.

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El trinquet de Pelayo

Sus losas monovarianas siguen rebotando “pilotes” desde 1868. Allí han jugado los más grandes de nuestro deporte autóctono, por eso se llama “La Catedral”. Es un lugar que rebosa pasado y que se utiliza apenas 2 o 3 días a la semana en los que acoge sus habituales partidas de “escala i corda”, como la ya clásica del sábado a las 17h. Rodeado por edificios que impiden ver la construcción, nadie se imagina cuando pasa por la calle Pelayo que tras atravesar un pasillo y el bar del trinquet, se encuentra con una cancha deportiva de 60 metros de largo, 11 de anchura y 9 de altura. Ha sido recientemente pintado y posee en los fondos un salón de la fama donde se muestran imágenes de las más grandes figuras de este deporte: El Nel de Murla, Quart, Juliet de Alginet, Rovellet y Genovés I. Lo mejor es vivir en directo una partida con alguien que conozca las muchas normas y peculiaridades del juego, y comprobar cómo se apuestan los jornales los asistentes. Pero también puedes simplemente asomarte, pedir en la barra del bar que te dejen una “pilota” auténtica de cuero, y fantasear con que puedes ser un “escaleter” de éxito.

pelayo *Adjunto vídeo de Canal 9 con Xavi Alberola como comentarista para que os hagáis una idea de lo que se vive allí.

Valencia es una ciudad preciosa, llena de tesoros como el Jardí de Montfort que recomiendan muchos lectores. Pero también es una ciudad mejorable, así que aporto 10 ideas que mejorarían nuestra ciudad, a ver si estáis de acuerdo.