El mundo en el que vivimos está controlado por el dinero. Las grandes corporaciones y los lobbys económicos son los que más influyen en los dirigentes mundiales a la hora de tomar decisiones. Estamos en mano de empresas que buscan beneficios para sus accionistas, que buscan beneficios para sus bolsillos. Y para que todos ganen el sistema tiene que crecer, consumir y seguir creciendo y consumiendo. Así es el capitalismo, un sistema basado en el crecimiento constante. Un crecimiento incesante que se da desde la revolución industrial; en el momento en el que empieza a utilizarse el carbón, más tarde el petróleo y posteriormente la energía nuclear. Fuentes de energía que se agotarán y que estaban acumuladas en nuestro planeta facilitando que diéramos este paso de gigante en la historia de la humanidad a nivel de crecimiento (demográfico y tecnológico).loic

Por lo tanto nuestro crecimiento se basa en rentas energéticas, gracias a la energía acumulada en la tierra durante milenios en forma de líquidos, gases o sólidos, hemos crecido durante los últimos siglos. Llegamos a un momento crucial en la humanidad (peak oil), donde para continuar ese crecimiento necesitamos empezar a utilizar energías renovables, energías que no se agoten como la solar, la eólica, la energía geotérmica o la hidroeléctrica. Pero estas energías requieren investigación, inversión, y las empresas buscan su beneficio inmediato, no quieren esperar 10 años a desarrollar un coche que funcione con nitrógeno porque son 10 años sin accionistas contentos.

Así las cosas las empresas de automoción, energía, transportes, bancos, armamento, farmacéuticas… son las que mueven el mundo a través de su poder y ascendencia en las decisiones políticas de organismos mundiales como la ONU, la OMS, el FMI o la OTAN, y regionales como la UE o la UNASUR. Pero se dan cuenta de que hay un cuarto poder, el poder mediático, y de que no pueden controlar al pueblo si no controlan a los medios. Así es como los grandes bancos van comprando todos los grandes grupos editoriales privados, mientras que los medios públicos los controla el propio gobierno de cada país, que está a su vez influido por grandes corporaciones o directamente por lo que les dice el FMI o EE.UU. Sirva como ejemplo la ley Sinde-Wert sobre propiedad intelectual, que está hecha al dictado de Hollywood, o la nueva ley energética española que hace casi imposible el auto-abastecimiento. malconx

Estas empresas consiguen que las leyes medioambientales sean más permisivas para poder seguir contaminando, que el mercado laboral sea más «flexible» para reducir derechos a los trabajadores y mejorar los beneficios de las empresas, que se privaticen servicios básicos como la sanidad, el transporte público o la educación, y que se mantengan precios (energía, telecomunicaciones…) muy por encima de su coste real. Por eso cuando hay crisis los gobiernos rescatan a bancos y a empresas, no a sus votantes, no a la ciudadanía, porque los que mandan no son los ciudadanos, son las multinacionales.

Pero esto dicho así, explicado poco a poco a toda la población, puede ser una revelación demasiado peligrosa. Que todo el mundo se entere de que vivimos en una dictadura empresarial y no en una democracia real, puede suponer una revolución, por lo que los gobiernos a través de los medios tradicionales nos distraen con ébolas, con brotes verdes, con famosos que se casan, con ayudas ínfimas a parados y poniendo el IVA del porno al 4% mientras el de los productos sanitarios se sube al 21%. Y a cambio de portarse bien, obtienen publicidad, descuentos, ayudas estatales y pagos al contado de dinero de empresas a cambio de: silencio o reportajes favorables a sus propios intereses. expresion

Pero aún hay prensa libre y crítica, revistas como Mongolia o el Jueves en España, le Canard Enchainé en Francia y tanta otra en tantos otros lugares. Allí estaba Charlie Hebdo, haciendo sus críticas a la religión, a la política, a las multinacionales, a las leyes… Pero hay gente que no soporta la crítica, hay fanáticos que no llevan bien que les digan las verdades, porque las verdades ofenden. Los valientes dibujantes de Charlie Hebdo criticaban sin miramientos el fundamentalismo islámico, y a pesar de las amenazas, siguieron ejerciendo su libertad de expresión. Porque el miedo no puede ser el motor de nada, ni el de una publicación, ni tampoco puede ser el motor del voto (como están intentando en Grecia para parar a Syriza).

Los asesinos querían atemorizar para que nadie más critique a los fanáticos de su religión, las empresas atemorizan con el despido, los bancos con el desahucio, los gobiernos con el caos en caso de cambio… y mientras tanto van retirando cobertura sanitaria, van despidiendo profesorado, van bajando sueldos, y van llevando ese dinero a Andorra o Suiza. Hechos que en si no son asesinatos, pero que matan a mucha gente. charlie

Este no es un problema de religión, no todos los musulmanes son fundamentalistas, y sólo un puñado son asesinos. Es un problema de sistema, un sistema que provoca odio, que provoca miedo y que provoca que asesinos en Boston, en París, en Bilbao, en Turquía, en Belfast o en Paquistán busquen excusas como la religión para matar a gente que les resulta incómoda. ETA mataba a profesores de universidad como Tomás y Valiente o Ernest Lluch, los terroristas islamistas matan a periodistas; son todos igual de despreciables independientemente de sus injustificables motivaciones.

Ahora todo el mundo aplaude a las víctimas porque han luchado por su libertad, han muerto por defender la libertad de expresión y han sido víctimas de un asesinato que ha conmocionado al mundo. Pero pongamos que los terroristas hubieran actuado de otra forma, matando una persona al día hasta que no cerraran la publicación. Y esos 12 muertos, fueran 12 ciudadanos anónimos asesinados día a día ¿Hubiera aplaudido la gente la libertad de expresión? ¿Hubieran mantenido los periodistas y dibujantes abierto el periódico? ¿O el miedo hubiera actuado para que cerraran Charlie Hebdo?orwell

Sin unos medios que controlen a los poderosos, que sean críticos con el sistema, que nos abran los ojos ante las injusticias sociales, que tengan libertad para opinar, que colaboren a crear una ciudadanía con capacidad crítica: seremos simplemente borregos al dictado de lo que las empresas desean, marionetas del dinero, susceptibles de ser captados por extremistas de todo tipo: religiosos, nacionalistas, políticos… que querrán lavarnos el cerebro y convertirnos en sus propias marionetas. Eran esos mismos periodistas asesinados parte de la esperanza para que muchos ciudadanos reflexionen y se alejen del fundamentalismo. Es ese tipo de periodismo el que crea mentes críticas, alejada de cualquier tipo de adoctrinamiento, y claro, eso no lo pueden tolerar quienes no toleran que les lleven la contraria.

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Para acabar solo puedo aplaudir a aquellos profesionales que luchan día a día por contar cosas incómodas, que en muchos casos son amenazados de muerte, despedidos o degradados; y también a los cuerpos de seguridad del estado que desbaratan más tragedias como esta y se juegan su vida por proteger la de los demás. Y compartir con vosotros aquellas palabras de Lennon, que en su utópico «Imagine» deseaba un mundo sin religiones, sin banderas, sin hambre, sin posesiones, en paz…