Si tienes la suerte de poder hacer turismo te darás cuenta de que los españoles, cuando viajamos, somos fácilmente reconocibles. Tenemos ciertas características que nos diferencian y ayudan a identificarnos de entre el resto de los turistas. Vamos a ver si te reconoces en alguna de ellas:

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A la hora de vestir

 

1.- Una vez se me acercó un chaval hablándome en español en medio de un mercado. Le pregunté que cómo sabía que yo era español (estaba callado mirando cosas entre mucha gente) y me dijo: «porque los españoles vais todos vestidos de Quechua». Para mi sorpresa tenía razón, como buen español medio había pasado por el Decatlón para comprar ropa de viaje: sí, estas pensando en esos pantalones desmontables que sólo usas cuando estás de vacaciones, pues esos.

2.- «¿Para que necesitáis tanta maleta?» El turista español, que no el viajero, llevará una maleta enorme de la que sólo utilizará en el mejor de los casos un 60% de lo que ha metido dentro. Y lo más sangrante es que el italiano de al lado, con la misma maleta, irá siempre de punta en blanco, mientras nosotros parecemos domingueros en la sierra. Eso sí, si lleva calcetines blancos con sandalias, o está en la playa tomando el sol con un foulard, puedes descartar que sea español.

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Donde fueres…

 

3.- «Por favor, pueden bajar el tono de voz». Una frase que me han dicho en medio de un restaurante, y también en medio de un concierto. Hablamos alto, mucho, y es muy habitual pasear delante de la Torre Eiffel y escuchar a grito pelado un: «Manolo, ponte más a la derecha» o «no te muevas que estoy esperando a que no pase nadie» mientras a tu lado decenas de asiáticos han realizado ya 200 fotos en completo silencio. A más volumen, más posibilidades de que sea español.

4.- Hablando de fotos, todos los turistas hacen las mismas fotos en los mismos sitios, y los españoles no podríamos ser menos. Pero además hacemos otras dos cosas muy significativas con la cámara: Si hay un cartel que indica: «Prohibido hacer fotos» , nos sale el Lazarillo de Tormes que todos llevamos dentro, y encontramos la pillería para capturar (de aquella manera) ese instante prohibido. Y además no podemos tolerar que alguien se haga una foto original y divertida, sin más, ya que inmediatamente sentimos la imperiosa necesidad de poseer la misma imagen, TODOS, aunque seamos un autobús de dos plantas y la instantánea conlleve hacer el pino puente.

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Hora de comer

 

5.- Hay que amortizar el bufet libre, y vaya si lo amortizamos. Un bufet libre de desayuno supone no pasar hambre hasta la cena. Un bufet libre de marisco, supone una crisis de gota, y si además hay barra libre: Señores, ¡La visita de mañana la hacemos con resaca! Y si en medio de la sabana, de repente rescata un trozo de pan del desayuno y lo rellena con fiambre que ha traído envasado al vacío, puedes afirmar que es más español que el palo de la bandera.

6.- ¿Si no me han puesto ni unas aceitunas con la cerveza, porqué les tengo que dejar propina? – Eso de dejar propinas del 10 o del 15% por obligación, no va con nosotros: – Manolo, no hagas el ridículo y déjales 2 euros por lo menosPero si estaba todo picante, y seguro que nos da cagalerasDa igual, aquí es la costumbre¡Pues que se acostumbren a cocinar sin picante!MANOLO!Vaaaale.

En las visitas

 

7.- Ya puede estar contándonos lo que significa la Capilla Sixtina el mismísimo Papa de Roma, que nosotros estaremos haciendo fotos, comentando con el vecino lo incómodo que es mirar al techo, o buscando el baño. Los guías se desesperan ante el poquito caso que les hacemos, y cuando les escuchamos es para cuestionarlo todo: –¿Seguro que Miguel Ángel no era miope?, en mi guía dice que es un teoría defendida por académicos de prestigio… y luego por lo bajini soltamos un: este guía no tiene ni idea. 

8.– Todas las visitas turísticas acaban en algún mercado en el que compraremos, mayormente, un montón de cosas inútiles que pasarán de acumular polvo local a polvo español. Y es aquí es donde demostramos nuestras dotes diplomáticas, a la hora de regatear. Los hay que son maestros del regateo, los hay que regatean fatal y los hay quienes directamente no regatean, pero absolutamente todos presumirán de que han conseguido un chollo. ¡Buah, he sacado esta figura de Nefertiti del Valle de los Reyes por sólo 8 euros!pero si no es de piedra, es de resinaDa igual, da el pego, y además me han regalado un collar, un camiseta, una pulsera y un imán de neveraAh, muy bien – (…) oye si te gusta algo te lo doy, que me ha salido gratis y a mi mujer no le gustan ninguna de estas cosas. Lógica empresarial.

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Al final del viaje

 

9.– Nos tenemos que quejar de todo. Un Español que no se queja es como un japonés sin cámara de fotos. –¡Manolo, haz algo, esto está lleno de mosquitos!Pues como no entre el lagarto ese que estaba ahí fuera -. Y lo que más nos fastidia son los horarios: – ¿Qué el restaurante cierra la cocina a las  21:30?, ¿cómo pretenden que lleguemos a tiempo para cenar? -. Eso sí, al llegar a casa, todo ha sido de fábula, no vaya a ser que nuestro viaje no les despierte envidia.

10.- Al guía igual no le hemos hecho mucho caso, pero tras 10 días con él, es como de la familia. Un par de guías locales ya me han dicho más de una vez: «Yo prefiero siempre los grupos de españoles, se crea un vínculo especial y me lo paso mucho mejor». Luego decía algo de que no le hacíamos caso y la propina era mucho menor, pero que compensábamos regalándole camisetas y bolis para la familia.

Pd. Como buenos españoles espero que critiquéis el artículo, pero que compartirlo sea vuestra propina, ya que esto de Internet es como un Bufet libre, esta todo incluido en el precio. Menos el imán de la nevera, que dice mi cuñado Manolo que se han puesto por las nubes.