Conducir por Valencia puede parecer algo sencillo, pero créanme si les digo que mucha gente de las poblaciones de la contornà (cercanías) le ha cogido miedo a meterse con el coche en la ciudad. Los habitantes de la capital del Turia han convertido sus calles y carreteras en un hábitat hostil para el resto de conductores. Pero aquí estamos para ayudar y propiciar que todos los atrevidos conductores que quieran desplazarse en sus vehículos por la ciudad puedan recorrer las calles sin temor a ser devorados por la fauna local. Por eso, a modo de manual de supervivencia, paso a relatar las características del tráfico en Valencia ciudad.

Foto ABC

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Los semáforos

A parte de aprovechar para mirar el móvil o sacarse algún moquete, los semáforos en Valencia están para saltárselos. Si estás parado en un semáforo en rojo, la salida no la marca el verde, no, ni mucho menos: has de acelerar cuando el semáforo de los peatones empiece a parpadear, eso significa que el verde está cerca y a nosotros con eso ya nos vale para arrancar. Atento a no esperar más de dos segundos a salir con el verde por culpa de un moco rebelde, porque te aseguras una sonora pitada (aunque a 50 metros haya otro semáforo en rojo). Además el ámbar no significa “reduce la velocidad”, significa “Imagínate que te persigue una horda de orcos y aprieta a tope aunque se ponga en rojo “.

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Los intermitentes

A veces pienso que en Valencia los intermitentes no vienen de serie en los coches, deben de ser opcionales porque nadie los usa. Así que en cada rotonda, en cada incorporación a un puente, en cada cruce peligroso has de “jugártela” y adivinar que el coche de tu derecha quiere cruzarse 4 carriles y dar la vuelta a la rotonda, no es un suicida, simplemente se coloca peor que una pelota en una estantería. Tranquilo, te acostumbrarás a esas “cruzadas” y a que la gente se cambie de carril como si estuviera buscando salirse del rebufo de Hamilton antes de llegar a la chicane. Has de asumir con naturalidad que en cada avenida te encontrarás a algún Fitipaldi que se cree que en Valencia todavía hay Fórmula 1.f1 valencia

Velocidad mínima

En Valencia no hay término medio, o te pilla una bici delante, un atasco o un dominguero de esos que van pisando huevos, o las avenidas son autopistas. Eso de velocidad máxima 50km/h será en las callejuelas, en las avenidas esa es la velocidad mínima recomendable. Haz la prueba, ponte a 50 en Blasco Ibáñez o en los márgenes del río, y verás como te pasan por ambos lados y te sientes más torpe que Fernando Alonso y su McClaren. Y como esto es conocido por la autoridad competente, con afán recaudatorio colocará estratégicamente sus radares en las rondas, los túneles o las avenidas, donde ir a 50 es más peligroso que ir a 80.

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Lluvia

En Valencia cuando llueve la circulación se convierte en un caos. Como si todos pensáramos que al regarlos nuestros vehículos crecen, sacamos a pasear inexorablemente a los coches ante la perspectiva de cuatro gotas. Entonces las avenidas se convierten escenario de un concierto de cláxones, las calles se encharcan, los atascos aparecen más rápido que los paraguas, y nos damos cuenta de que es buen día para no hacer nada, damos media vuelta y nos volvemos a casa tras una hora sufriendo al volante. Si llueve mejor organiza una partida al Risk, eso sí, con vecinos del barrio, porque los de fuera buscarán cualquier excusa para no acudir a tu llamada.valenbisi

Bicicletas

La fauna de Valencia acoge a un nuevo habitante, recientemente se ha incorporado un bípedo a su hábitat, el valenbisi: un servicio de alquiler de pesadas bicicletas (parecen vespinos sin motor) que ha causado furor. El buen tiempo, la ausencia de desniveles, y la posibilidad de pedalear por el río Turia, han propiciado un aumento exponencial de los ciclistas, algunos muy hispsters. Y esas criaturas tienen un código propio: circulan por las aceras, los semáforos son opcionales para ellos, te los encuentras cruzando pasos de peatones, circulando en contra-dirección, ocupando el centro de la calzada… vamos, como si llevaran una scooter. Somos neófitos en esto de circular entre bicicletas o con ellas, y de momento la convivencia es complicada. Paciencia.

aparcarAparcar

En cualquier ciudad grande aparcar es complicado, y Valencia no iba a ser menos. ¿Si el universo es infinito, porqué nunca hay sitio para aparcar? Pues en Valencia para aligerar el problema tenemos un sistema muy curioso que es aparcar en el carril bus. Funciona a partir de las 10 de la noche y condiciona nuestra vida, ya que la gente organiza su ocio alrededor de esta medida: “quedamos a las 10 a cenar en Cánovas (el Carmen, Ruzafa, Alameda…) y lo aparco en el carril bus”. La teoría está muy bien, pero en la práctica a las 9:45 de un sábado cualquiera el carril bus está ya lleno, y te toca meter el coche en uno de esos aparcamientos donde te cobran la hora a precio de hotel de 5 estrellas. Por eso la alternativa es aparcar en segunda fila (con el freno de mano, no vaya a ser que se mueva), en la acera o en cualquier lugar donde “no moleste”. “Total para recoger al niño del colegio (tercera y cuarta fila a las 5 de la tarde), ver el partido de fútbol o cortarse el pelo, no pasa nada porque el coche esté en la puerta de un garaje de 400 vehículos un ratito con las luces puestas”.

rotondaIncorporarse

Que alguien te ceda el paso amablemente, aquí, es utópico, ¿cómo vamos a dejar que alguien se nos cuele? así que mucha calma. La bondad al volante no existe, y no se te ocurra asomar el morro, que por mucho intermitente que lleves el autobús de turno no piensa dejarte pasar. En las rotondas esto se magnifica y el resto de conductores despiadados impedirán a toda costa que te incorpores al tráfico, propiciando así que así te quedes atrapado entre coches que van y vienen: La lógica de eliminar a los rivales directos impera en cada cruce.

maraton_valenciaLos puentes

Valencia está partida por un río, y aunque lo que pasa al otro lado del río (excepto el Valencia CF) suele ser irrelevante, necesitarás cruzar el mismo en numerosas ocasiones. Hay muchos puentes, por lo que no supone mayor problema… excepto, una serie de días elegidos estratégicamente para fastidiar al mayor número de personas posible. Esos días con la escusa de la media maratón, la maratón entera, la batalla de las flores, el triatlón, el día de la bicicleta, la San Silvestre, la marcha cicloturista, la cabalgata del ninot, la 15k nocturna o por cualquier otro motivo aleatorio como un homenaje al Titi o una performance de Chimo Bayo, se cortarán justo los puentes por los que pensabas cruzar, y tendrás que dar la vuelta a la ciudad para cruzar de lado a lado (si no desesperas en el intento).

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Las fallas

Durante 19 días mejor no cojas el coche. AVISO, NO COJAS EL COCHE. Especialmente desde el 13 al 19 de marzo, ni se te ocurra conducir, NI SE TE OCURRA. Bueno, si no tienes más remedio, prepárate para dar más vueltas que una peonza, pasar más controles de policía que en el aeropuerto de Tel Aviv, pillar cientos de calles cortadas, acabar en un callejón sin salida, encontrarte el coche aparcado en medio de una carpa, o pasar 40 minutos parado en un puente viendo fuegos artificiales (me ha pasado). Mejor camina, ni siquiera te plantees circular en moto o bici si pretendes acudir a la mascletà, la nit del foc, las luces de Ruzafa o cualquier verbena de barrio, porque acabarás más escaldado que el bogavante de Navidad.

Foto El Mundo

Foto El Mundo

 Los peatones

Somos los amos de la jungla. Pasemos por el centro de las calles, cruzamos los semáforos en rojo y sin mirar, ocupamos los carriles bici aunque haya 7 metros al lado para peatones… y eso que cruzar un paso de cebra en Valencia es un riesgo: se paran sólo algunos coches, el resto de conductores ignoran las franjas blanquinegras tanto como los peatones ignoran los semáforos en rojo.

Foto AhoraValencia

Foto AhoraValencia

Los autobuses

En Valencia hay un conductor muy especial que es el autobusero de la EMT. Ellos son los reyes del asfalto, se saltan semáforos, revientan retrovisores y se cruzan de carril con más valentía que los 300 espartanos guiados por Leónidas. Si los ves pasar, no te metas con ellos, déjalos seguir su camino o acabarás más arrepentido que Bill Clinton. Los taxistas también se toman la ley por su cuenta, pero no tienen más remedio que armarse de paciencia y soportar el carril taxi/bus lleno de coches en segunda fila, y la zonas reservadas para que ellos aparquen ocupadas constantemente por otros coches. Porque en Valencia hasta la Policía Local aparca donde le da la gana.

domingueroHoras punta

Durante la semana hay tráfico intenso casi siempre, pero resulta curioso que las noches del jueves, viernes y sábado, haya tanto o más tráfico que cualquier mañana. La ausencia de metros, trenes de cercanías y los escasos autobuses nocturnos obligan a coger el coche, por lo que aumenta el tráfico en horas de estar en casa. Habitualmente la hora de entrar a trabajar (de 8 a 9), de comer (de 14h a 15h), y la hora de recoger a los chiquillos de la escuela (17h) son los momentos más críticos gracias a: los coches en segunda fila; autobuseros hasta las cejas de cafeína; y las inevitables prisas por llegar y aparcar que todo el mundo tiene. Los domingos se conduce de maravilla durante el día a excepción de aquellos domingos en los que montan algún sarao que corta el tráfico de media ciudad, y normalmente solo hay atascos en los accesos cuando se pone el sol. Pero también hay mucho dominguero suelto que convierte en peligroso cualquier desplazamiento. 

Pd: Espero vuestros comentarios y demás apreciaciones. Hay mucha gente que conduce mejor de lo que aquí explico, pero también hay gente que conduce infinitamente peor. Gracias a todos por leerme hasta el final.