munch_el_grito

No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Yo siento la pérdida de las otras 6 torres que junto a las de Quart o a las de Serranos servían de puertas de a la antigua ciudad amurallada de Valencia. Lástima que en su día molestaran y se quedaran en pie las que hacían las veces de cárceles, mientras que las otras fueron derruidas sin miramiento y en aras del progreso. Y eso que nunca las he visto mas que en foto, pero siento que faltan.

Siento la pérdida de los valores que me inculcaron de pequeño de respeto máximo a los ancianos, ellos son fuente de sabiduría, y veo como las nuevas generaciones han perdido esa consideración que tanto merecen.

Siento que hemos perdido unos paisajes irrepetibles en las costas españolas y especialmente en la mía, en la del Mediterráneo. Paisajes que no volveremos a disfrutar por obra y gracia de la construcción masiva, la especulación urbanística y el desarrollo insostenible.

Siento la ausencia del ginjoler (Ziziphus ziziphus) al que cada septiembre iba a coger ginjols en Benifaió. Hasta hace no mucho era una costumbre acercarme al árbol que hará unos 50 años plantó mi abuelo, para recoger sus frutos y pasar la tarde comiendo ginjols. Tiraron la antigua casa del conserje del colegio y con ella el viejo árbol que endulzaba los otoños de cientos de escolares y vecinos.

Siento un vacío enorme cuando veo a amigos obligados a irse al extranjero, cuando compruebo que tantos sueños cercanos se desvanecen, cuando advierto como mi tierra está abonada al saqueo, cuando las lágrimas borran las sonrisas, cuando las mentiras y los engaños son una constante, cuando el desánimo y la derrota vencen a la ilusión, cuando ya no puedes protestar por tus derechos porque te quitan el derecho a protestar.

Todo este vacío que se acumula en tantas entrañas, hay que llenarlo. Algunos lo llenan con resignación; otros con rabia; otros con alcohol o drogas; los menos con indiferencia; los afortunados con ánimos renovados para cambiar las cosas; y los más, con tristeza y pesimismo. Y ese es el vacío que más siento, el del optimismo ficticio que imperaba en la gente hace unos años. Porque nos pueden saquear, vilipendiar, insultar, mentir, robar, ningunear, engañar, manejar… pueden abusar de nosotros, quitarnos derechos, tomarnos por tontos, callar nuestra voz, obstaculizar nuestros sueños, obligarnos a abandonar… pero lo que nunca deberían poder hacer es quitarnos la sonrisa.

Quería escribir algo optimista, pero he llenado con letras amargas ese vacío que causa la falta generalizada de sonrisas que nos invade. Las entrañas son poéticas, y la poesía ha de volver a fluir armoniosa por el sombrío mundo del ego postizo en el que nos han metido.