hossegor

He estado unos días en el sur de Francia con unos buenos amigos, más concretamente visitando el País Vasco Francés, Hossegor, y Burdeos. Es una zona preciosa, muy verde, muy limpia, y con un litoral muy cuidado. Me llamó la atención la costumbre que tienen de poner nombre a las casas, especialmente a las segundas residencias. Así en vez de decir estoy en casa, o ven a visitarnos a casa, decían estoy en «Bilobak» (nietos en euskera) o ven a visitarnos a Chez Martín. Es una costumbre que también se tiene por Valencia, pero que está un tanto en desuso. Mi abuelo llamó «La Montesina» a su casa de la montaña, y en la misma calle hay un par de casas con nombres como «Mesón Fartera» o «Ca Rosa», pero no es lo habitual. Nosotros somos más de poner apodos a las personas.

Así que me vino a la cabeza un chiste sobre mi pueblo, Benifaió, un pueblo dónde es especialmente habitual que todo el mundo tenga un apodo:

Iba un forastero en el tren y se sienta al lado de un benifaionero, se ponen a hablar y el forastero le comenta que él también va a Benifaió, entonces el benifaionero le dice. -Pues si vas a Benifaió, ten cuidado que antes de llegar a la plaza ya te habrán puesto apodo- el forastero contesta -Sí, eso tengo entendido- y el benifaionero apostilla -Xé, mira tu el «sabudet» este!-

malnom

Ya tenía apodo y no había bajado del tren. Pues repasando con familiares y amigos me han salido algunos apodos curiosos de vecinos de mi pueblo, a algunos no los conozco, a otros sí, pero cada apodo tiene su historia. Entiendo que algunos son molestos o despectivos, por eso no identifico a las personas que los «sufren», de hecho a muchas ni las conozco.

Hay muchos apodos con animales como: Furtabous, Prenya-gallines, Puseta, el Pescau, Pollastre Criminal o Moreta. De hecho la alcaldesa mismo es de la familia de los Furtabous.

Otros tantos son positivos para el apodado como: el Conde, Piu de ferro, Lequio, Neruda, Maradona, Vamos a más, Cul de ferro o Sisqui (le tocaron seis millones en la lotería).

Pero la mayoría son despectivos como: Furtaigües, Desaprofitaet, Peggy Sue (De Paquita la suà), Morritos Jagger, Pixarogles (este apodo es d’Algemesí), Paco Capullo, Tapón de oro, el Abogaillo, Mangancho o el Carajo.

También los hay por el trabajo, procedencia o atributos físicos como: el Papero, el Chatarrero, el Talo, el Percha, el Gato, el Pibe, el Charro, el Americano, Borrasqueta (presentaba l’oratge en Canal 9), la Furona, el Picapedrer, Espardenyera, el Tubas, el Barbero de Al Capone, El Palmero, o la Panyera.

Pero los más curiosos son los que tienen historias detrás como el Cagatatxes, que trabajaba en un taller y por el agujero trasero del pantalón se le caían los clavos. O Pontebien, que hace referencia a la noche de bodas, cuando los amigos agazapados en la ventana para oír la culminación del matrimonio escucharon una y otra vez el recién casado repetir a su mujer «Ponte bien».

También los hay de familia, están las Perlitas, els Fotxos, els Rojos, els Aieros, els Ponos, els Moresos…

Y algunos son incalificables como Zalaca (De Zalacaín el aventurero), Calco, Ximola, Pitusina, Cucala, Cullerot i Cullerota, Güery, Xiflo, Mig ou, Mamarencarro. Matamoros, Guau y Putxeret pa dos.

Me doy cuenta de que igual debería haber escrito el artículo en valenciano, pero sé que lo leerán mis amigos franceses, que para mi son mis amigos «gabachos», gabachos de los buenos. De hecho los franceses y los belgas que tienen una rivalidad histórica, se llaman de manera despectiva camemberts y patatas fritas, todo muy fino y educado. Es normal que en aquella cultura se pongan apodos a las casas y no a las personas, como también es normal que tengan perfectamente cuidadas las casas, las costas, las playas, y hasta los arcenes que vemos en en Tour de Francia. Nada que ver con los arcenes españoles, allí hay flores, en España escombros. Así que podemos dar lecciones de imaginación, nuestro léxico para insultar es enorme y nuestra acerbo popular envidiable, pero en cuanto a civismo, estamos lejos de nuestros vecinos.

nada que declarar

Foto de la película «Nada que declarar»