10 motivos por los que septiembre es el mes más triste del año

adios

A mucha gente le gusta septiembre, pero la mayoría de las personas inteligentes saben que es el peor mes del año, miren a su alrededor, la gente camina triste en el que es considerado por expertos sociólogos mundiales (yo y mi alter ego), el mes más triste del año. Ahora paso a enumerar los motivos de tal afirmación.

1.- Los días se acortan de manera abrupta, cada día es más corto y el sol por tanto nos abandona antes. Está demostrado que la falta de luz deprime. En Noruega envían a la gente deprimida a habitaciones blancas, les hacen baños de luz y en los casos extremos les pagan unas vacaciones a las Canarias. La falta de luz provoca depresión, y en septiembre es cuando empezamos a notarla.

2.- No hay ninguna fiesta nacional. Dejando de lado fiestas patronales o la «Diada» de Catalunya, en septiembre nos encontramos sin puentes ni fiestas nacionales. Ningún momento para hacer una escapada y abandonar el agobio de la ciudad.

3.- La vuelta a la rutina es dura, se pasa de las chanclas, la cervecita en el chiringuito, los paseos despreocupados, dejar el teléfono en casa… a el estrés del día a día.vuelta cole

4.- Los niños vuelven al cole, y eso nos afecta a todos. Los padres porque han de cuadrar horarios, comprar libros, buscar niñera. Los niños obviamente son los más afectados porque pasan de acostarse a las 11 a acostarse a las 9 y eso en un niño es un drama de dimensiones bíblicas. Los abuelos vuelven a hacer bocadillos, comidas y actuar de niñeras. Y a la gente sin hijos, les afecta el atasco de las 9 de la mañana y el de las 5 de la tarde, las colas en las librerías y la imposibilidad de aparcar cerca de un colegio. Además se acabaron las cenas entre semana con los amigos que tienen hijos y las sesiones de piscina pública sin cientos de chavales en el pasillo de al lado chillando en cursillos de natación. Lo dicho, un dramón.

5.- Es el mes del fin de las rebajas, y paradójicamente el mes donde más se vuelve a consumir con normalidad por la vuelta a la rutina. Ropa para el cole, ropa para la oficina, libros y agendas, zapatos para la entrevista de trabajo, bono de tren y de metro, suscripción al gimnasio, coleccionables… Es un mes de mucho gasto, que deja temblando las economías domésticas.ruptura

6.- Las rupturas sentimentales tiene un punto álgido, y este se produce en septiembre. Es el mes del año donde más parejas se rompen, el mes del desamor. Se acaban los «rollitos» de verano, y las parejas que durante el año se ven poco, tras pasar las vacaciones juntos se dan cuenta de que no se soportan. Y claro esto conlleva que los programas del corazón se froten las manos: otro motivo más para odiar septiembre.

7.- Vuelven las lluvias y con ellas el caos circulatorio, los planes estropeados, la ropa sin tender… La lluvia es necesaria y bonita, pero en Valencia no sabemos lidiar con ella, y la gente se vuelve torpe cuando llueve, especialmente los conductores.

 

aparcar

 

8.- Aparcar se vuelve imposible. A mi personalmente me encanta dar vueltas una y otra vez a mi barrio intentando evitar la zona azul mientras se me derrite en el maletero la compra, pero entiendo que el resto de automovilistas estarán igual de hartos que yo, que en verdad odio buscar aparcamiento. Si el universo es infinito ¿por qué no hay manera de aparcar en mi barrio?.

9.- Para muchos septiembre es el inicio del año. No en vano en el calendario Etíope el 11 de septiembre (que casualidad) es el primer día del año. Y al igual que en nochevieja es momento de reflexión. Esa reflexión lleva en muchos casos asociados pensamientos como «he de cambiar de vida», «he de cambiar de curro», «he de cambiar de pareja», «he de cambiar de dieta», o cualquier otro tipo de cambio. Es el mes en el que tras el relax veraniego nos golpea un huracán de realidad para que nos demos cuenta de las cosas que hemos de cambiar en nuestra «mierda» de vida.
armario

10.- El cambio de armario. Odio ese momento de empezar a guardar los bañadores y sacar las chaquetas. Además coincide el cambio de armario el fin de semana previo a una ola de calor que asola «sorprendentemente» la península a finales de septiembre. Ese cambio de armario también conlleva el cambio de sábanas por edredón de plumas, y claro siempre hay una parte de la pareja más friolera y otra menos que discuten sobre el momento exacto de cambiar sábanas por plumas… Y eso lleva a discusión, y a divorcio, y los niños se estresan, y los amigos se reparten, y tu no puedes aparcar, y te quedas sin dinero, y llueve, y lloras de melancolía, y no encuentras las chanclas, y en la piscina los niños te miran raro mientras nadan… Piénsalo, septiembre es una ruina.

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