afraidYo no soy nadie, soy insignificante, como el resto de habitantes de este mundo donde no somos más que minúsculas partículas de polvo dentro del Universo infinito. Nos somos ni siquera capaces de cuidar nuestro planeta, nuestro bien más preciado del que dependemos para subsistir. Somos seres egoistas incapaces de erradicar el hambre y la sed mientras construimos bombas nucleares. Somos unos personajes insignificantes que elegimos de entre nosotros a aquellos que han de decidir las normas que nos rigen. Bueno, tampoco es que los elijamos, vivimos esa ficción, la de que realmente contamos algo y que podemos cambiar las cosas. Pensamos que nuestras decisiones políticas tienen algún valor, cuando en verdad es muy difícil salirse de un guión preestablecido que marcan grandes corporaciones y un puñado de lobbies de poder.

El poder es por lo que más se mata, por lo que más se pelea, por lo que más se sangra. Muchos poderosos son capaces de vender su vida, las de sus amigos, la de su pueblo, de matar, de traicionar… y solo por mantener u obtener poder. Y el dinero da poder, mucho, y eso también genera espirales de violencia. Somos insigninficantes, pero somos violentos: y algunos se aprovechan de ello para imponer su voluntad. Cuando se es violento en nombre de una religión, la expansión de un territorio, o con cualquier otra excusa, lo que realmente se busca es el poder a través del miedo.

Cuando el que te quiere aterrorizar con la excusa que sea lo consigue, ha ganado. Y el que te quiere aterrorizar no es un personaje insignificante, se requiere a muchos y muy organizados para convencer a tanta gente de que se inmole o luche hasta la muerte por la causa que sea. Y poco a poco lo están consiguiendo, nos están aterrorizando bomba a bomba, masacre tras masacre.

La teoría del caos hablaba de que el aleteo de una mariposa puede causar un tsunami en la otra parte del mundo. Cada acción de cada ser insignificante del planeta tiene efecto sobre otras personas y este sobre otras, y así se va creando el sentimiento de colectividad. Muchos años de muchas acciones repetidas nos han llevado al mundo actual. Un mundo donde se gastan más dinero en investigar la disfunción erectil y los implantes, que el Alzheimer y el Parkinson. Un mundo en el que el ser humano va extinguiendo a las demás especies mientras contamina su propio aire. Pero sobre todo un mundo dividido.

Dividido entre aquellos que creen en la igualdad, quienes reclaman que todos los seres sean tratados iguales sin importar sexo, raza o condición, y aquellos que quieren imponer su voluntad. Aquellos que se creen superiores por tener una religión concreta, por haber nacido hombre, o por tener un color de piel diferente. Esos quieren un mundo en el que puedan hacer lo que les venga en gana y siembran el terror para conseguirlo, y lo consiguen. Porque aquellos que creen en la igualdad, en la fraternidad y en la libertad se vuelven temerosos, y el miedo les lleva a renunciar a sus valores y abrazar el odio, la desconfianza e imponer la rigidez absoluta.

Hoy tengo miedo. Miedo de que vuelvan a atemorizarnos, miedo de que vivamos con miedo, miedo de que ganen aquellos que quieren hacer del mundo su cortijo. Así que desde mi insignificancia os pido que seais valientes y no dejéis que ganen los terroristas. Que no os de miedo a volar, a viajar a Paris, a ir al fútbol, o a un concierto; que no os dé miedo el vecino, ni el desconocido; que no caigáis en la trampa de los que meten miedo para que los odiéis, y así ellos tengan motivos para odiaros.