Aquellos que tenemos el valenciano como lengua materna, a veces, “disparamos” en castellano algunas palabras o frases que no tienen mucho sentido para los castellanoparlantes. Se trata de las famosas “espardenyàs“, y decimos muchas, y muy curiosas. Ya sabéis que me gusta buscar Paraules intraduïbles del Valencià, y hablar del Curioso Castellano de los Valencianos, así que ahora con la ayuda de la página de Facebook de Expressions Valencianes Sense Traducció he recopilado algunas traducciones literales del valenciano de lo más variopinto. Todos son ejemplos verídicos que han sucedido, así que os invito a imaginaros la situación…

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Espardenyàs

Va de bueno caballeros.

De esas mañanas que la señora Amparo está por el mercado, esperando en la cola de la verdulería y suelta su vecina: “ponme un quilo de bajoquetas, cuarta y mitad de garrofones, y un grapado de ambercoques” y la verdulera se lo pone como si nada. La siguiente clienta pregunta educadamente: “¿Me pones un potito de cigrones?” a lo que añade “date aire que se me empastran los fideos“, y también se va a casa con lo que había pedido, con la naturalidad del que pide un paquete de rosquilletas y un choleck en Granada esperando que le entiendan.

Luego llegas a casa a prepararte para una cena y en la cocina demandas con apremio: “pásame un torcamanos que tengo las manos mulladas“. Poco después le dices a tu hijo: vamos a parar la mesa que llegan los convidaos y le insistes con una finura digna de la Preysler: “saca un poco de tan torrado para refregar tomate y ajoaceite, y unos gavinetes.” Tu hijo accede de mala gana, pero cumple con su cometido y luego le premias con un bocado de categoría: “suca la pataqueta en el olio de la paella y verás que está para chuplarse los dedos

Foto de eltiovisentico.es

Foto de eltiovisentico.es

Ese hijo tuyo saldrá luego por la noche y le dirá a sus amigos cosas como: “mi madre me marmola si no estiro bien los llansoles“. Aunque lo importante cuando salen solos las primeras veces es “que no se peguen un baco que se les esclate la cabeza“. Luego llegan a casa tras jugar entre hierbajos y te toca “ir a por cotón pelo para quitarte las punchas.”

Si tu hijo es pequeño, lo normal es que te juntes con alguna madre/padre con hijos de su edad, pero cada niño es un mundo: “tu hijo está enjuazado y el mío está potroso, se nota que quiere tocar madrecita“. A lo que tu amiga contestará: “cuando mi nano está deficioso se vuelve muy cundidor“. Pero no hay problema, porque alguna sentenciará: “no te calfes la cabeza, ya verás como hacen mucha liga“.

Cuando eres adolescente siempre tienes a tu mejor amigo/a cerca, “donde va la cuerda, va el poal” gritarán al pasar las señoras de la fresca. Y aunque en privado le digas: “ausadas que eres pudenta“, en público defenderás a muerte a tu colega de cualquiera que ose encararse a ella con frases del tipo “¿El higo de tu tía rosega maíz frito?” o “vete a hacerte mano“.

 

 

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Ya sabéis que las madres están dando consejos constantemente, desde cosas banales como: “para abrir quita el pestillo y gira el paño“, hasta cosas más específicas como: “súbete el camal hasta la cuja para cruzar el bancal“. Algunos consejos pueden resultar irónicos del tipo: “ponte cuatro piedras en los bolsillos o te envolarás” y otros consejos directamente suenan a una amenaza: “déjate de romanzos y ascomienza a decirme la verdad o te llevarás una ñespla de cuidado“.

Si vas con tus amigos de la Ribera a un restaurante sabes que son capaces de pedir cosas como: “quiero el lus torradito a la plancha, pero antes quería unos vititos y cacao de picaeta“. Si el restaurante es muy fino delante de los platos soltarán aquello de “de formento ni un gramo“, y alguno se los comensales apostillará: yo prefiero ir al bar del cantón que nos ponen glopitos de casalla, que siempre vienen bien para desempalagar”.ruzafa

Hay algunas preguntas que sólo pueden hacer los valenciano parlantes, una tarde en la ciudad puede dar para muchas anécdotas. En una tienda de ropa: “¿Me para bien la bata mudaora que me he probado?“, en el cine: “tengo la pancha que arrapa ¿me pone una rosas?“, en la horchatería: “he traído coca con la horchata porque no había fartones“, una frase que fuera de contexto puede dar muchos maldecaps. Luego en la peluquería igual escuchas algo así como “¡Qué moño más agradecido tienes!”, y de vuelta a casa en el tren, tu sistema inmunológico se resiente de tanto aire acondicionado y claro te toca pedirle a tu acompañante “álsate y tráeme un mocador, que tengo moquera”. Porque antes ya has pasado por el ginecólogo y le has dicho: “doctor ayer me dolía el parruset, pero ya no cal que me inspeccione.

Si os ha gustado no os “amagueis cual perillas de recambio del coche” y compartid “como cal” este artículo buenrollero. El valenciano es una lengua maravillosa, que yo estoy orgulloso de hablar, e incluso cuando hablamos en castellano y soltamos alguna barbaridad, es precioso.

PD. En ningún momento quiero ridiculizar a los valenciano parlantes ni convertir nuestra manera de hablar en sainete, lo especifico porque hay mucha gente demasiado susceptible.