Después del abrumador éxito de la primera parte del «curioso» castellano de los valencianos, y tras recoger centenares de sugerencias, me veo en la obligación de hacer una segunda parte. Porque seguimos siendo gente de acción, que hace y no para de hacer cosas. Por eso en vez de hacer bici, hacerme una toma, o ir al bar a hacerme una cortada de entrecot para celebrarlo; voy a hacer memoria y recopilar nuevas expresiones «made in Valencia», que sé que os hace papel. Cierto es que algunas de las que vienen ahora, así como las anteriores no son exclusivas nuestras, pero esto no es el HOLA, y aquí no somos excluyentes, si los aragoneses quieren usar pozales o los murcianos pasar el mocho, nosotros tan felices de no sentirnos bichos raros cuando soltamos nuestros modismos en otros lares.

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Palabras propias

 

Mante

Si dice «mante» o «ausaes«, hace las cosas «arreu» o envía a la gente a «fer la mà«, está claro que es valenciano. Hay una serie de palabras intraducibles como convoi, ausaes, coent, desfici o bac que debes de conocer si vienes a vivir a la Comunitat Valenciana, porque más de una vez las diremos con la naturalidad del que se toma una horchata con fartons en Alboraya.

Objetos varios

¿Cómo se dice peucos en castellano? Pues resulta que son patucos, yo me enteré hace poco cuando le regalé unos a unos amigos de fuera. Nuestras mujeres se ponen una bata y se arreglan para ir mudadas mientras que otros sitios se ponen un vestido para ir elegantes. Que pudiera ser que el vestido fuera para un funeral porque ha faltado algún conocido, o para algo más alegre como una picaeta en la pinada de la montaña, que a aquellos que van al pinar del monte les resulta muy extraño que llamemos picaeta a los aperitivos.

En la casa

Además de hacer las reuniones de vecinos de escalera en el patio de la finca, resulta que nuestros deslunados son patios de luces, y nuestras galerías dicen algunos que tampoco se llaman así, ¿y cómo se llaman?. Precisamente en el brancal (alfeizarde loza (esta es correcta) de la ventana de mi galería, me olvidé una tarta que no me cabía en el banco de la cocina, y se ha florido (florecido). Y la vecina ha tocado el telefonillo, para avisarme y yo que estaba pasándole el mocho al piso (no al suelo), casi caigotierra (caer a veces lo usamos transitivo) tras tropezarme con un zafa (sinónimo aceptado de jofaina).

Ubicación específica

Si dice cochera en vez de garaje, no sólo será valenciano, puedes afirmar que es de la Safor. Si acaba con un «y avant o avan» sus frases, puedes estar seguro de que se trata de un castellonense. Y si a las estanterías les llama lejas, entonces es del sur de la Comunitat o murciano. Porque los de Ribera a los estantes les llamamos baldas y tampoco nos entienden por ahí y acabamos baldados del esfuerzo cognoscitivo.

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A la hora de comer…

 

«Póngame un blanco y negro con ajoaceite, y un rojo también; y tráigame unas papas y cacaos de picaeta, que lo único que he comido en todo el día ha sido una bolsa de rosquilletas que me compré en la paraeta del chaflán de mi piso». Eso de comer blancos, negros y rojos, para referirnos al embutido también es muy valenciano, además nuestras sabrosas longanizas en muchos lugares son denominadas simples salchichas, como si fueran de Frankfurt ¡HEREJÍA!. El tema de las rosquilletas y las papas ha sido de lo más comentado, «grisines, bastones, pan de pipas…» con lo bonito que es decir rosquilletas o saladitos y comprarlas en la paraeta (kiosko). Y las papas para nosotros vienen en bolsa y ya fritas, como las Duso, las Lolita, las Vicente Vidal o cualquiera de las muchas que hacen por nuestra tierra.

La paella

El arroz con cosas no es paella, eso lo tenemos muy claro los valencianos, y cuando vamos fuera y queremos hacer una paella auténtica: o nos toca llevarnos el arreglo de casa; o nos es más difícil encontrar los ingredientes que a Rita Barberá hablar valenciano ¡A saber qué nos pondrían en Soria si pedimos cuarta y mitad de ferraura, garrofó y tabella! Y para bajar la comida el sandemà nos proponemos cocinar un hervidocon su bajoqueta y su patata, aunque si es invierno siempre podemos poner al fuego un poco de puchero (nuestro cocido) cocinado en un puchero bien grande (olla) para que sobre buena cosa de caldo en el que podamos sucar mucho pan y fartar hasta rotar. ¡Ñas!

Los postres

Para acabar nos comeremos un trozo de coca (bizcocho) y una buena naranja sin corfa (sin piel), y al chiquillo ponle el pechito (babero) y dale un choleck (batido de chocolate) así coge fuerzas y se va a empinar el cachirulo (volar la cometa) mientra pegamos una becaeta. Y después con un vaquerito de Terry nos jugamos al truc quien escura en la pica (fregar en la pila) la paella con el fregall (estropajo). Todas palabras que algunos usamos sin darnos cuenta cuando hablamos castellano.

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Costumbres varias

 

La amistosidad

Una amiga ginecóloga madrileña que pasó toda su residencia en el Hospital la Fe, no entendía el trato tan cercano de los pacientes en la consulta. En vez de dirigirse a ella de usted y llamarle doctora, siempre empezaban la frase con un «bonica, carinyet, corazón, mari, cari, tesoro, perla, reina…» y normalmente las pacientes seguían con un «me pica el parruset, me hace daño ahí baix, tengo algo en la figueta (figa)…» y se sorprendía aún más cuando le nombraban la chufa y la pilila de sus maridos. Al principio iba un poco «com cagalló per sèquia» pero al final le cogió el gusto a nuestra «cariñosidad» y acabó reconociendo que somos muy apañados y templados. También le costó acostumbrarse a ver moraduras (y no moratones), y a que a las mujeres preñadas les subiera la calentura (embarazadas con fiebre).

Agonía

Esta conversación me sucedió hace no mucho y al leer los comentarios la he recordado. Andaba yo con el estómago revuelto de camino a casa fuera de la terreta cuando solté un – Tengo agonía – mi interlocutora se quedó perpleja y asustada, y contestó – ¿Vamos al hospital?  Al hospital no hace falta, sólo es agonía, angustia – su cara de preocupación aumentaba por momentos – ¿Pero qué te pasa? ¿tan grave es?No, es sólo que me duele mucho la pancha, y tengo ganas de arrojar¿Arrojar que? (Pánico en su cara) – Pues el cubalitro ese que me me he hecho, que me ha pegado como un tiro – Ahí ya empezó a entender algo – A ver, que me estás mareando, ¿Qué tienes? Pues ganas de bosar, de arrojar – ¿Vomitar? – ¡Claro!Yo pensando que te morías y lo único que necesitas en un primperan, anda que…

La calor

Nuestra calor es femenina, como nuestra mar, y si hace basca lo que te apetece es acudir a la mar a pegarte un baño. Pero claro si luego se gira el viento vienen unos nubarrones y se coge la lluvia, tendremos que tirar para casa. Por lo visto estas expresiones meteorológicas les resultan muy graciosas a nuestros vecinos, y es que en Valencia cuando llueve, pasan cosas raras.

Ahora luego

«Ahora después me comentáis que os ha parecido el artículo». Una frase con todo el sentido del mundo que resulta hilarante para por ejemplo: los vascos. Ahora luego, o ahora después, para expresar «en un breve periodo de tiempo» es un concepto tan nuestro como las brascadas. Espero que ahora luego, cuando acabéis de leer, os de por compartir «y avant».

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Los verbos que más gastamos

 

Gastamos verbos que no se usan o gastan en otros lugares aunque sean correctos en castellano como chafar por pisar. También se nos puede escapar un sucar a la hora de mojar con pan, restregar o refregar el tomate o el queso en el pan nos gusta mucho más que untarlo. La luz la enchufamos o la abrimos y cerramos, la bola la encalamos (está en la RAE) en el terrado, porque no la hemos podido empomar (coger al vuelo) y la puerta la tocamos (¿Qué es eso de llamar?, ¡ni que tuviera nombre!). Y si la chica con la que festeas estás en casa, os podéis ir a pegar una vuelta, para charrar y poder dotorejar porque sois unos chafarderos (sinónimo aceptado de cotilla) de categoría internacional.

Enseñar

Nosotros no aprendemos, nos enseñamos ¿Qué hacemos qué?, pues nos enseñarnos solos, entre otras cosas a empezar con un «que» átono el principio de muchas frases. «Que, ¿no os gusta el artículo?» «Que, ¿no lo compartís?» o a usar el infinitivo en vez del imperativo «venir aquí y poneros el pijama» por «venid aquí y poneos el pijama». Además si algo no nos queda bien, no nos vemos, que no significa que estemos ciegos, es simplemente que no nos acaba de gustar como nos queda (o incluso como nos para). Prueba a decirle a un Argentino «cógeme la bata a ver como me para», si te entiende y no se ríe, te regalo un kilo de clemenules de la cooperativa de Benifaió.

Embozar, desventar y Espolsar

Tras la comida, hay que cerrar la limonada para que no se desvente (pierda el gas, correcto), y no olvidéis espolsar el mantel, que aunque nos suena de lo más natural, es «espardenyà» en toda regla y se traduce por sacudir o similar. Y si la digestión es pesada, tened cuidado no embocéis el baño, que aunque sea totalmente correcto, en muchos lugares no os entenderán y no os darán salfumán, para limpiar porque este producto está en nuestras cocinas, pero su nombre es agua fuerte ¡ni que el agua te fuera a pegar una nyespla!

 

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Sugerencias varias

 

Recogiendo las últimas sugerencias de los lectores, algunos me indican que a los agujeros de los calcetines les llamamos patatas, y en otros lugares tomates. También que las libretas y los carpesanos son cuadernos y archivadores en Madrid, y que esto provoca alguna que otra confusión. Esmusar por dar tiricia, estrenar por dar el aguinaldo, redonda por rotonda, gaiato por bastón, engañarse por equivocarse, o renegar por reñir o discutir… Aunque hay muchas más y se aceptan todas las sugerencias para ampliar los textos, creo que en estos dos artículos recojo la mayoría de los modismos que usamos los valencianos a la hora de hablar castellano. Así que ahora después me pondré a la faena con un artículo sobre «espardenyàs» míticas que he oído por ahí, como el «piñuelo» de la oliva, o el bocata de «cansaladita«.

Au!

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